Carta de una madre a su hija:
Mi querida hija, el día que me veas vieja, te pido, por favor, que tengas paciencia, pero sobre todo trata de entenderme. Si cuando hablamos, repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste”, solamente escúchame por favor. Y recuerda los tiempos en que eras niña y yo te leía la misma historia, noche tras noche, hasta que te quedabas dormida. Cuando no me quiera bañar, no me regañes y no trates de avergonzarme, solamente recuerda las veces que yo tuve que perseguirte con miles de excusas para que te bañaras cuando eras niña. Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología, dame el tiempo necesario para aprender y, por favor, no hagas esos ojos ni esas caras de desesperada. Recuerda mi querida hija, que yo te enseñé a hacer muchas cosas como comer apropiadamente, vestirte y peinarte por ti misma y como confrontar y lidiar con la vida. El día que notes que me estoy volviendo vieja, por favor, ten paciencia conmigo y sobre todo trata de entenderme. Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para recordar, y si no puedo, no te pongas nerviosa, impaciente o arrogante, solamente ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es estar contigo y que me escuches. Y cuando mis cansadas y viejas piernas, no me dejen caminar como antes, dame tu mano, de la misma manera que yo te las ofrecí cuando diste tus primeros pasos. Cuando estos días vengan, no te debes sentir triste o incompetente de verme así, sólo te pido que estés conmigo, que trates de entenderme y ayudarme mientras llego al final de mi vida con amor. Y con gran cariño por el regalo de tiempo y vida, que tuvimos la dicha de compartir juntas, te lo agradeceré. Con una enorme sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido, sólo quiero decirte que te amo, mi querida hija.
Hoy he querido empezar mi blog con esta carta que he encontrado en facebook. Cada vez que la leo, afloran mis mejores sentimientos y me hace pensar en todo el cariño que precisan nuestros ancianos cuando se dan cuenta de que ya no son los mismos de antes, que ya no son tan activos y que sus facultades, poco a poco, van disminuyendo.
A mi parecer, nuestros mayores son los seres más entrañables de la familia, los más sabios, los que nos han enseñado más cosas y los que siempre han estado allí. Han sido los sustitutos de nuestros padres cuando no nos han podido cuidar, han sido nuestros mejores compañeros de juegos y, sobretodo, son los que nos han consentido aunque por ello se llevaran una regañina por el exceso de permisividad. Son una parte fundamental en la familia porque representan el amor incondicional, el cariño, la bondad y, sobretodo, el darse a los demás sin esperar nada a cambio.
Y mi pregunta es ¿por qué cuando ya no pueden cuidarse por sí mismos decidimos ingresarlos en centros geriátricos? Estoy segura de que en estos centros podrán encontrar todos los cuidados que necesitan, pero ¿y el cariño? ¿y el amor? Creo que ellos se merecerían, siempre, acabar sus días con el calor de sus familias, pues recordemos que ellos han dado la vida por nosotros, que ellos jamás han mostrado cansancio por atendernos y que siempre han tenido una sonrisa en su cara para ofrecernos. Quizá unos pongan de excusa que no tienen tiempo suficiente para cuidarles y otros que no pueden ofrecerle los cuidados necesarios, pero ¿no seran esas razones un poco falsas, ocultas tras la cortina del egoísmo?
Los tiempos han cambiado. Ahora queremos dedicar nuestro tiempo al ocio y a pasarlo bien, a disfrutar de lo que nos ofrece la vida y, quizá, con todo esto dejemos de lado otras cosas igual de importantes (o más) que no nos interesan porque implican sacrificio. Es más fácil aparcar a nuestros mayores en asilos o residencias e irlos a visitar algunos domingos, entregándoles algun regalo que compramos y que ellos reciben con la mayor de sus alegrías, olvidándose, por un momento, que se han convertido en un estorbo para la familia. Sinceramente, creo que no es justo. Creo que igual que ellos han dado su vida por nosotros, nosotros deberíamos responderles y agradecerles todo, cuidándoles, dándoles cariño y dejar que disfruten el resto de sus días de nuestra compañía, día tras día, y no soltarles nunca la mano. Ellos lo agradecerán y nos daremos cuenta del valor de su tiempo, porque quizá un día nos despertemos y nos demos cuenta de que ellos se han marchado para siempre, que jamás volverán, y nos quedará esa pequeña espina de no haber hecho por ellos todo lo que podíamos, porque hemos invertido ese tiempo en cosas menos importantes. Y, estoy segura, que nos arrepentiremos. Y lo más curioso es que ellos jamás nos culparán de nada, porque nos perdonarán por el inmenso amor que nos tienen.
Dedicado a todos los mayores, que merecen mi más sincero respeto. Y en especial, por supuesto, a MI ABUELA, que se ha convertido en el pilar de mi vida y a la que quiero muchísimo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario