Y hoy he llegado a la conclusión que si no hubiera sido feliz, si no hubiera disfrutado de momentos fascinantes, no hubiera aguantado tantos años al lado de mi pareja. Juntos compartíamos un mundo diferente al que yo estaba acostumbrada. Él me enseñó que la vida no es tan bonita como la cuentan en los cuentos, que ni los malos son tan malos ni los buenos son tan buenos, que bajo una fachada de hombre duro se puede llegar a esconder el corazón más frágil que existe, que las apariencias son sólo eso y que para juzgar a las personas hay que conocerlas más allá del exterior. Gracias a él, hoy soy la mujer que soy y puedo ser capaz de relacionarme con gente que pertenece a entornos distintos al mío.
He recordado durante tantos años los momentos dañinos, que había guardado en lo más profundo de mi memoria los instantes felices, esos en los que podía sentirme como una reina, como una mujer importante, respetada y muy querida y deseada. Había olvidado que en su mundo había sitio para mi, pues nadie me juzgó sin conocerme y, en cambio, en mi ambiente todo el mundo tenía prejuicios hacia la gente como él y muchos no quisieron acercarse ni siquiera para intentar conocerle. Es triste, pero es así. Olvidé todos esos momentos en los que me sentía la mujer más protegida del mundo, porque él era capaz de defenderme aún si no procedía.
Lo más triste es que cuando nos separamos sólo fui capaz de poner en la báscula las lágrimas, y dejé a un lado las sonrisas, los sueños de futuro. Quizá si las cosas hubieran ido de otra manera y no hubiéramos sido tan orgullosos, ahora seguiríamos juntos y yo continuaría con esa venda en los ojos que todo el mundo pretendía quitarme, pero que yo mantenía para no dejar de verle como mi héroe. Dicen que del amor al odio hay un paso, y yo sé que es cierto porque en algun momento he llegado a odiarle con la misma fuerza con la que lo había amado, porque si el daño sólo me hubiera salpicado a mi, quizá, hubiera sido capaz de perdonarlo pero cuando se ha lastimado a las personas que yo más quiero, las que me han dado la vida, me es imposible olvidar. Puede que con el tiempo podamos ser dos buenos amigos, cuando todos los perjuicios estén reparados, y recordemos todo lo malo como meras anécdotas. Esta noche, si hecho la vista atrás, puedo asegurar que no me arrepiento de haberle tenido en mi vida, porque gracias a él he aprendido que soy una mujer fuerte, capaz de enfrentarse a lo que sea.
Hay un punto en tu vida en el que te das cuenta: quién importa,
quién nunca importó, quién no importa más, y quién siempre importará.
De modo que no te preocupes por la gente de tu pasado,
hay una razón por la que no estarán en tu futuro.